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Fe, esperanza y Charity. De su trabajo y de nuestra vida en Eisenhuettenstadt.
Revista Umělec
Año 2009, 1
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Fe, esperanza y Charity. De su trabajo y de nuestra vida en Eisenhuettenstadt.

Revista Umělec 2009/1

01.01.2009

Benjamin Tallis | foto ensayo | en cs de es

Querida Charity*:
Fuimos a Eisenhuttenstadt a través de Dresden, Goerlitz y los pequeños pueblos que se extienden por la red de carreteras del Este occidental. Pero en realidad fuimos a través de ti. Desde que me hablaste por primera vez de Eisenhuttenstadt tuve ganas de conocerlo. Y ayudar a Julia con el traslado de su hermana a Dresden fue la excusa perfecta para organizar un viaje por carretera. Ahora puedo reaccionar mejor ante el luto, la melancolía y el rechazo que recibes y que aportas de ese lugar. Nos costó un poco llegar, o mejor dicho, saber que habíamos llegado porque la perfecta señalización de la Bundesrepublik se confundía con la lánguida extensión de las afueras industriales. Parecía difícil orientarse y tener una primera impresión coherente. Tenías razón respecto a la escasez de monumentos, aunque se compensaba con la todavía omnipresente presencia de las fábricas de acero. Y a no ser que estés explorando la Werkstrasse o serpenteando por la calle 24, la continuada repetición de esta periferia apoya su condición como fuente principal de identidad civil. Éste es el pueblo de las fábricas de acero, donde se forja el acero y así permanece… La renovación de las calles más largas parece resaltar el vacío que conlleva la despoblación, es una lucha entre la condición de trofeo y atrofia. A través del complejo que con optimismo es llamado “centro ciudad”. Al final de la acerería de la calle principal el terreno es árido y está desnudo, lo cuál atrae la atención hacia el espectáculo más importante de la semana: La noche de las mujeres con striptease masculino.
Las figuras musculosas del espectáculo del striptease contrastan con la fortaleza cubierta de un trabajador desconocido del acero, inmortalizado en una cortina de acero que él mismo ayudó a tejer. Cerca del café C’est la Vie, observa la última vida que empezó como Stalinstad.
El contraste entre las fachadas opuestas del hotel de la ciudad y de la alcaldía decae con la remodelación para favorecer lo que eran las casas de los “mandamás”. Habiendo cruzado la memoria debilitada del lejano Este, estaba sorprendido por la relativamente modesta envergadura de la urbanización de los obreros. La planta con sus seis hornos era bastante grande, pero no tanto como Nova Huta con su flota de paneles y sus amplios bulevares. Eso era el indicio de la diferencia entre mi experiencia aquí y allí, a pesar de la continua y confusa mezcla de temas similares interpretados en diferentes lenguas y diferentes signos.
Caminar por el Wohnkomplex, que alberga la antigua guardería, lugar donde está el centro de documentación cotidiana de la RDA, me recuerda otra de tus recomendaciones. Mientras miraba las películas “El hombre de mármol” y “El hombre de hierro”, de Wajda, más que el experimento de la solidaridad me gustó principalmente la presentación sensible de la verdadera esperanza. Seguramente la fascinación de Agnieszka por el héroe obrero, Birkut, se debe -por lo menos en parte- a la misma apreciación en una época en que los accidentes en aquel edificio en particular, resultaban cada vez más evidentes. En un país devastado por lo que debía parecer ser aplastado durante miles de años en nombre de los grandes y patrióticos Reichs, la necesidad por una acción colectiva no podía ser más evidente. Birkut, que aún era estajanovista en ese momento, habla de manera entusiasta acerca de sus nuevos métodos de construcción, que si más adelante fueran mejorados y se aplicaran universalmente, podrían ayudar a proporcionar casas para todos en Polonia.
Después del tan deseado fin de la historia, actualmente se percibe la esperanza como algo audaz que se atreve a empujar a los derechistas un nanómetro hacia la izquierda. En estos tiempos es bueno tener un resto de la verdadera esperanza, porque la que proporcionó el socialismo fue deshonrada y finalmente traicionada. Si estuvieras aquí, seguro que me recordarías las palabras de Volker Braun: “Lo que nunca tuve se me arrebata, lo que no viví me lo perderé para siempre”. Y tienes razón porque así es como me siento, y cada vez más. Fuiste tú quien principalmente me inició como es debido a tales apreciaciones, y mi viaje a Eisenhuttenstadt es en muchos sentidos un viaje hacia el exterior y al mismo tiempo un viaje interior. Aún permanece la ausencia de cambios, la sensación de pérdida y desperdicio de oportunidades. Amablemente recomendaste hacer un alto en el viaje para recobrar la memoria- el centro de documentación de la cultura y la vida cotidiana de la RDA-, y en particular su depósito abierto de donaciones y objetos recopilados. A diferencia de las brillantes e interactivas superficies y el glamour retro del museo de la RDA recientemente abierto en Berlín, el depósito opta por un enfoque mínimo, digno y sustancial. Más que hacer del socialismo un espectáculo, nos vemos inmersos en la vida diaria del Este. Esto parece bueno para Eisenhuttenstadt, que carece de la grandilocuencia de lo viajes que conocemos de Berlín y Nova Huta.
Ver las maravillas de otro impecable beneficio encubierto, que pasa de tener valor material a tener valor cultural a través de pedestales y vitrinas, es una experiencia cautivadora que realmente te induce a meditar Ya sabes cuánto me interesa la política y seguramente te habría sorprendido que no me hubiera horrorizado ante la apolítica presentación, que es particularmente obvia en los discursos flojos y escuetos de los encargados. Pero podrías decirme –ahora imito cómo te burlarías de mí: “¿No será que esto simplemente es una forma de disimular el verdadero terror que domina la vida de aquellas personas que no han tenido la suerte de crecer en una sociedad libre?”. En este sentido tuve suerte de viajar con Julia, porque como creció entre Moscú y Berlín oriental sabe algo acerca de la nostalgia. Hablando con ella, comprobé que a pesar de la coincidencia de muchos de mis intereses con el trabajo del depósito, aquello no era para mí, y criticar que la presentación sea apolítica significaría que no entendí casi nada. Se trata de un lugar de rehabilitación y recuperación, un lugar para revalidar aquellas vidas que fueron sacudidas tan cruelmente por los cambios. A través de Anna y Florianconocemos muy bien el lado oscuro de Stasiland, pero me di cuenta de que no había reflexionado suficientemente acerca del impacto que la caída supuso para los que trabajaban al otro lado del muro. Que de pronto te digan que aquello en lo que estabas trabajando está mal, que el fruto de tu trabajo es obsoleto, que tu vida no ha tenido valor, que sólo ha sido más porquería para el recién saturado basurero de la historia. Los sentimientos de incompetencia y de resentimiento cuando en la nueva escala de valores es tan evidente que eres el pariente pobre, debían haber tenido un efecto devastador en la conciencia colectiva. Estamos de acuerdo en que el centro de documentación y su depósito abierto dan la oportunidad de volver a examinar aquellas vidas y recordar las cosas buenas, los buenos tiempos y también recordar lo malo. También coincidimos en que todo aquello tenía mucho valor aunque Julia sentía que ni tan siquiera aquel noble intento había conseguido evitar la maldita nostalgia. En calidad de proyecto que está dirigido a afrontar la tragedia de aquellas vidas aparentemente desperdiciadas, aún no ha encontrado una respuesta al absurdo fenómeno de la nostalgia. También tuvimos nuestros momentos en el museo, como cuando estuve frente al fantástico Robotron k8915, el producto estrella de las antiguas acererías, o el lavaplatos cilíndrico. Aunque esos momentos fueron superados por la incontenible emoción de Julia al encontrarse de nuevo con su cartera escolar comunista, resplandeciente con sus colores rosa y lila. ¿Y quién de entre nosotros puede decir realmente que somos inmunes, incluso si tú y yo, al igual que Joseph Beuys, no tuvimos que empezar con ello? Y al igual que tú acusas a Beuys de serlo por su obra Valores Económicos, que como bien dices tanto se parece al escaparate de la tienda del depósito ¿también somos nosotros unos ladrones?
Incluso si unos pedazos de memoria conservados con tanta sensibilidad sólo pueden existir realmente para aquellos que vivieron la experiencia en cuestión, entonces, el depósito abierto corre el riesgo de alimentar la manía de reducir la vida a una serie de oportunidades consumistas. Me pregunto hasta qué punto es un presagio de los intentos de restaurar la memoria colectiva en otros lugares del mundo post socialista, invadidos por un pensamiento que prioriza lo económico por encima de todo.
Tu análisis de la obra "Valores Económicos de Beuys" resalta la transformación de los objetos escogidos deliberadamente por su contraste con un diseño estiloso. Son presentados de tal manera que continúan atrayendo la admiración de amantes de un estilo de vida alternativo como los actuales residentes del distrito Prenzlauer Berg en Berlín. De todos modos, existen otros factores. Julia me preguntó que si el vídeo de una panadería de un curioso supermercado me recordaba a mi época en Ucrania, y quedó sorprendida cuando le dije que de hecho, me recordaba mucho más a las hileras de barras de pan de las panaderías de los supermercados de mi infancia en Inglaterra a principios de los ochenta. El rápido auge del capitalismo posmodernista arrasó con los sueños modernistas que inspiraron a la banda musical Kraftwerk al igual que avivaron fuegos socialistas.
Habiendo sido aleccionados por un pasado intolerante, machista, homofóbico y neo imperialista, ¿podemos restablecer un nuevo trans-modernismo que ofrezca compromiso y espacios comunes de interacción? Mi esperanza de que se priorice de nuevo a las personas por encima de los beneficios, seguramente hará que me escribas en tu tercera columna- aquél que repudia, atrapado por una nostalgia que le impide aceptar que ha perdido, incluso si nunca tuvo nada. Me pregunto cómo te catalogas a ti misma, me pregunto si al igual que Volker Braun, tú también sientes que esta esperanza acecha en nuestros caminos como una trampa. Cuando nos fuimos de Eisenhuttenstadt, pasamos de nuevo por las recién renombradas acererías, que con su logo de mayores productores de acero, actualmente sólo tienen 2500 empleados que producen productos de acero de alta calidad. A pesar de la continuada producción de acero, a pesar de los nobles esfuerzos del depósito abierto, a pesar de las limitaciones de mi propia perspectiva, tengo la impresión de que este acorazado país de las maravillas es aún un lugar de melancolía más que un lugar de lamentos. De todos modos, lo que está claro es que mientras sepamos cuan reales fueron las pesadillas, necesitamos asegurarnos de que recordamos la auténtica calidad de los sueños. Así podremos animarnos a tener sueños nuevos y a escapar de la mnemotécnica tierra de la nostalgia y de la amnesia.
Con afecto, Benjamin Tallis.




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